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El Cohousing inolvidable

Durante esta extraña etapa de confinamiento me he mudado a la casa de mis padres. Convivimos tres personas en una casa en el campo muy cerquita de Pontevedra. Muchos de estos días me recuerdan a mis temporadas en la Vegueta. Desde que nací hasta que tuve 17 años toda mi familia (unas 30 personas) veraneaba junta en el mes de agosto en esta finca en Málaga. Mientras escribo este post estoy en la cocina. Hay un cuadro con una ilustración de mi tío Javier. En ella aparece la casa de la Vegueta con el siguiente mensaje… «Hay un lugar en el mundo, al lado de Tolox, donde varias generaciones vivieron días inolvidables».

Creo que la Vegueta y nuestra forma de vivir en ella es la esencia del cohousing… Os cuento algunos detalles:

  1. En la Vegueta no había luz, sólo un generador alquilado que se encendía sólo durante el día. Un cohousing no va de tener una vivienda perfecta, cara y no asequible para todas las personas.
  2. En la Vegueta teníamos un rancho común, era la zona más especial de toda la casa.Tenía un sofá, el único de toda la vivienda. Había un pollete (dícese estructura de cemento que rodea el rancho) donde poder echar la siesta con vistas al campo de olivos o disfrutar las lluvias de estrellas. Era el lugar por el que necesariamente siempre tenías que pasar para poder entrar en la casa o para bañarte en la alberca. En un cohousing las zonas comunes son las mejores. Además suelen ser áreas por las que se pasa a diario para fomentar el contacto y las conversaciones entre las personas que conviven en él.
  3. En la Vegueta teníamos community builders (suena moderno, ¿verdad? ) para ayudar a que nuestra familia compartiera momentos especiales. Mi tío Juan organizaba el Concurso del 1,2,3 veguetuno. Mi tío Javi hacía sesiones de fotos. Mi prima Ana montaba una peluquería. Mi tío Rafa nos llevaba a hacer rutas a las montañas. Mi padre hacía conciertos de guitarra… En un cohousing es fundamental el papel de las personas que facilitan las relaciones, la convivencia, la vida en colectivo y los valores comunes.
  4. En la Vegueta la infancia era la pieza clave. Teníamos una cueva secreta detrás de la casa, el campo para jugar y la alberca donde bañarnos. En un cohousing, la infancia nos enseña cómo convivir y compartir. Por eso se promueven los espacios donde compartir y donde las familias puedan ayudarse y forjar nuevas amistades.
  5. La Vegueta estaba en pleno campo, con naturaleza cerca pero con el pueblo a menos de 5 km. Ir al pueblo era la revolución. Teníamos un cántico «El Pueblo unido jamás será vencido» . En un cohousing, la situación es fundamental. Buen acceso, cerca de un núcleo urbano. No estamos hablando de una comuna antisistema ni de una secta.
  6. En la Vegueta había una cocina colectiva. Ahí surgían los grandes momentos. Lavábamos los platos al son de Aretha Franklin. En un cohousing es muy habitual contar con un espacio de cocina común. Quién va a negar que todas las personas vivimos grandes momentos entre fogones.
  7. La Vegueta estaba rodeada de naturaleza, de olivos, de campos sembrados de melones. Porque la humanidad y la naturaleza van de la mano. En un cohousing las zonas verdes e incluso los huertos comunales son imprescindibles.

La Vegueta no era perfecta. Ningún cohousing lo es. Pero sí son lugares inolvidables a los que siempre quieres volver.

Os dejo aquí un cohousing que refleja aquel en el que me gustaría vivir… Donde lo importante es construir una relación fluida y orgánica entre las personas y los espacios.

Está en Leeds. Se llama Lilac. Es una comunidad de 20 viviendas.

Un saludo!

África Rodríguez (Activista de la cultura colaborativa)